Si bien el sistema de franquicia ofrece
importantes ventajas respecto a abrir un negocio por cuenta propia,
también exige una serie de requisitos y obligaciones que no
todo emprendedor es capaz de asumir. Y no hablamos sólo de
requisitos económicos. El franquiciatario ideal debe poseer una
serie de cualidades y aptitudes concretas que, en gran medida, marcarán
el fracaso o el éxito de su actividad.
A todas estas cualidades, algunas de las cuales son comunes a las
de establecer un negocio de forma individual, deben sumarse además
las que plantee cada franquicia concreta y en cada caso particular.
Fidelidad
En primer lugar, y en términos generales, la persona que
se plantea la posibilidad de integrarse en una red de franquicia
debe ser consciente de que se trata de un sistema que, a fin de
garantizar la absoluta fidelidad del negocio reproducido en el franquiciatario,
coarta en gran medida la capacidad de éste de tomar decisiones
sobre su propio negocio. Por ello, cualquier innovación,
modificación o peculiaridad que uno piense aplicar está
desechada en este sistema de asociacionismo. De otra forma se quebraría,
más pronto que tarde, la identidad de la red.
Ante esta realidad, la primera pregunta que un emprendedor debe
hacerse es si su personalidad es adecuada para admitir tal limitación
de la propia autonomía.
Sobre
la selección del franquiciatario más adecuado, puede
servir de ejemplo el caso del mercado norteamericano, con gran
experiencia en materia de franquicia, y donde algunas enseñas
buscan su franquiciatario ideal en la figura del "militar
retirado". Esto que puede resultar un poco extraño
es perfectamente comprensible, si se observa como efectivamente
en él existen algunas de las figuras que mejor adornan
el ideal de franquiciatario: se valora no sólo su capacidad
de inversión en el propio negocio, sino, sobre todo,
su espíritu disciplinario, su capacidad de trabajo y
el hecho de que se trata de una persona acostumbrada a trabajar
por objetivos. |
Pese a todo, debe tenerse en cuenta, que esto no implica en ningún
modo que el franquiciatario ideal sea una persona carente de iniciativa
y personalidad, ya que éstas son también características
muy apreciadas en todo emprendedor, sea cual sea el modelo de negocio
que quiera establecer.
Carácter emprendedor
En este sistema debe diferenciarse entre el franquiciatario que busca
abrir un negocio como fórmula de autoempleo, de aquel que
busca esta actividad como una forma de inversión. En el primer
caso, el franquiciatario debe tener un carácter emprendedor
y suficiente capacidad como para desarrollar una actividad empresarial
en la que trabajará directamente y en la que deberá
afrontar y superar todas las dificultades propias de la misma. Por
ello, el franquiciatario ideal es aquella persona constante, que sepa
afrontar y resolver los problemas inherentes a toda actividad económica
y con capacidad para dirigir a sus empleados y tomar decisiones.
En el caso del inversor, lo ideal es que posea suficiente capacidad
de gestión como para conseguir coordinar y dirigir a sus
trabajadores, sin necesidad de llevar directamente el día
a día de su negocio.
Capacidad económica
Como en cualquier negocio, el franquiciatario deberá disponer
además de la suficiente capacidad económica para desarrollar
el negocio concreto. La inversión, que varía sustancialmente
de unas franquicias a otras, no deberá contemplar sólo
el capital necesario como para poner en marcha el negocio, sino
también el suficiente para llevarlo hasta el punto de equilibrio,
en el que empiece a dar beneficicios, ya que lo contrario puede
llevar al fracaso y el consecuente cierre de la actividad.
Perseverancia
Dirigir cualquier negocio como trabajador-propietario requiere tiempo,
energía e iniciativa, sobre todo en los primeros meses de
iniciar cualquier actividad. Es posible que para obtener los primeros
beneficios se necesite, en ocasiones, mucho más tiempo de
lo esperado, por lo que la perseverancia y la motivación
son aspectos que el franquiciatario nunca debe perder.
Capacidad de gestión
También es necesario tener la capacidad de gestión
adecuada a la actividad seleccionada. Esta será muy diferente
y, normalmente, estará en relación con el nivel de
facturación y la complejidad de la franquicia, pero, en todo
caso, será de gran ayuda el conocimiento y dominio de las
herramientas de gestión necesarias para el desarrollo del
negocio.
Dotes de comunicación
Cualquier negocio, en mayor o menor medida, exigirá contacto
con clientes, proveedores y empleados, por lo que las dotes de comunicación
del futuro franquiciatario, el gusto por las relaciones personales
y la capacidad de "caer bien" y de establecer una relación
de mutua confianza es, en la mayoría de los casos, un gran
aliado para el éxito.
Ética
El franquiciatario ideal siempre debe tener presente que él
es uno más de una amplia red de asociados. Por ello, cualquier
acción o comportamiento negativo en la gestión de
su negocio puede afectar directamente al resto de franquiciatarios
y a la propia cadena.
Además, el propio sistema de franquicia exige que tanto franquiciante como franquiciatario trabajen con el objetivo de un beneficio
mutuo y no sólo de una de las partes, en detrimento de la
otra.
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