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Franquicias de lujo

Franquicias de lujo
Ofrecen productos y servicios de marcas reconocidas internacionalmente, se ubican en las zonas comerciales más prestigiosas de las grandes ciudades y satisfacen las necesidades de una clientela generalmente limitada. Éstas son las principales características de las franquicias que han descubierto en la venta de artículos de lujo un negocio que, aunque no está al alcance de todos, reporta pingues beneficios.

Más allá del diseño o la calidad que suelen ostentar los productos o servicios considerados “de lujo”, el principal atractivo de estos artículos no es otro que la capacidad que tienen para otorgar una cualidad por la que el cliente está dispuesto a pagar: la distinción.

Entrando en materia, los establecimientos que ofrecen esta clase de mercancías suelen ser algo más que una tienda en la que encontrar los mejores productos o servicios: se trata de locales que se han convertido en auténticos “templos de consumo” para el público, espacios milimétricamente decorados, ubicados en la mejor zona de la gran ciudad y que ofrecen artículos de marcas mundialmente conocidas a precios normalmente prohibitivos.

Del otro lado, la clientela de este tipo de conceptos de negocio suelen ser personas que gozan de un elevado poder adquisitivo, una posición social bien considerada y, quizá lo más importante, una cultura de clase que les lleva a convertir en su objeto de deseo -y por tanto adquirir- artículos que no están al alcance de cualquiera.

El mercado nacional de la franquicia cuenta con un limitado conjunto de conceptos de negocio -de origen nacional e internacional- que se han especializado en la venta de este tipo de productos o servicios. Oportunidades que, a pesar de que exigen una inversión inicial muy elevada, ofrecen al emprendedor la posibilidad de abrir un establecimiento exclusivo, con una marca ampliamente reconocida -una característica fundamental en este tipo de negocios- y con una suculenta facturación anual.

¿Cómo son los negocios de postín?

En el sector restauración, moda, servicios… todas las parcelas de actividad son susceptibles de acoger negocios que se distinguen del resto por ofrecer este tipo de productos o servicios, negocios que comparten unas características precisamente por operan en el “sector lujo”.

Como adelantábamos antes, esta clase de conceptos suele escoger para ubicar sus establecimientos amplios locales ubicados en zonas preferentes en ciudades con un número importante de habitantes.

La decoración es un factor fundamental para distinguir estos locales, ya que suele estar perfectamente diseñada y acostumbra a ser notablemente fastuosa, acorde con la oferta de estos negocios. En esta línea, desde el escaparate hasta la trastienda, la luz, los elementos ornamentales, las distancias, los probadores, el mostrador… todo está pensado para responder a las expectativas de una clientela muy especial.

Una serie de factores que están directamente relacionados con uno de los elementos fundamentales de estas oportunidades: la imagen de marca. Y es que este tipo de negocios, además de vender artículos de lujo, suelen contar con valores añadidos tales como la antigüedad del concepto o, por ejemplo, la colaboración de los modistos más renombrados del momento.

Así, se trata de negocios que son una marca en sí mismos, incluso cuando se dedican a vender artículos de otras marcas mundialmente reconocidas a través de licencias concedidas por otras casas. En este sentido, son conceptos que tienen que cuidar -y cuidan muy mucho- la posición de su “marca” dentro del mercado y, del mismo modo, potenciarla recurriendo al marketing.

Hablando de esta herramienta -clásica para dar a conocer un negocio-, en este caso es bastante habitual que no exista una publicidad al uso sobre los productos, servicios o sobre la misma marca, ya que se trata de empresas que, por decirlo de alguna forma, ya han alcanzado un estatus que les confiere una posición en la que les conviene darse a conocer de otras maneras mucho más exclusivas. Sobre todo a través de actuaciones en los círculos en los que se mueve su potencial clientela.

En cuestión de oferta y demanda, se trata de tiendas que no ofrecen muchos ejemplares del mismo producto puesto que si algo acompaña al lujo es la sensación de poseer algo especial y, por lo tanto, limitado, un factor que además se adaptar a la demanda. Hay que tener en cuenta que no todo el mundo está en disposición de adquirir estos artículos, pero a pesar de esto la facturación está garantizada: el precio de la mayor parte de ellos es muy elevado.

Finalmente, los empleados contratados en estos establecimientos nada tienen que ver con el resto de trabajadores del sector comercio o servicios, puesto que se trata de personas sobradamente preparadas, con conocimientos sobre la oferta de la tienda, con una formación acorde con el trabajo que desempeñan, una cultura… en definitiva, personas capacitadas para satisfacer las necesidades de la clientela a todos los niveles.

Ventajas del lujo en franquicia

En este caso en concreto, el sistema de franquicias aporta al emprendedor interesado en poner en marcha uno de estos negocios una amplia serie de beneficios que van más allá de los clásicos de sobre conocidos.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que no es fácil acceder a un sector como es del lujo, teniendo en cuenta que se trata de mercado considerablemente limitado, compuesto por no muchas empresas cuyo concepto está consolidado en su parcela de actividad y que han conseguido hacerse un hueco en el “olimpo” de los negocios.

Así, la fórmula de la franquicia permite al emprendedor entrar a formar parte del mercado de la mano de una marca ampliamente implantada en la alta sociedad -que goza de prestigio- y asesorado por personas que conocen todos los entresijos del negocio y, también por su propio beneficio, invertirán todos sus esfuerzos para asegurar la consolidación del negocio, un proceso más que deseable en este tipo de oportunidades de negocio.

Hay que decir que no es fácil obtener una franquicia de estas marcas aunque, por supuesto, no es imposible. Las mayores dificultades que puede encontrar el emprendedor vienen de manos de los costes que supone poner en marcha un establecimiento de este tipo: la inversión inicial no suele estar al alcance de todos en muchos de los casos.

Por otra parte, las centrales de estas cadenas seleccionan con mucho mimo al que puede llegar a ser el próximo representante de la marca en el futuro, y no son pocos los requisitos que suelen tener en cuenta a la hora de dar el visto bueno a una candidatura, más allá del factor económico. En este sentido, la experiencia previa, la preparación del posible franquiciado, sus aptitudes y capacidades… serán determinantes para dar el siguiente paso.

Una vez superada esta “primera prueba”, la central apoyará al empresario en todas sus decisiones hasta que abra las puertas de su negocio, momento en el que comenzarán las actividades para dar a conocer la apertura entre el público objetivo.

Ni que decir tiene que la misma central provee al nuevo establecimiento de todo el material que necesita en cuestión de stock según previsiones de venta, una compra que debe afrontar el empresario y que suele tener un coste elevado, aunque no tanto como el que alcanzará finalmente en tienda. En este sentido, es cierto que algunas cadenas permiten la compra en depósito -el franquiciado solo paga a la central lo que ha vendido, devolviendo el resto-.

En definitiva, la franquicia es un sistema que beneficia en gran medida a este tipo de negocios porque, aunque puede resultar realmente costoso abrir una establecimiento, el emprendedor cuenta con un concepto, sin necesidad de más explicaciones, “de auténtico lujo”.